Puntos Fuertes :
- Viaje acompañado por un guía de Sanga.
- "Kora" (circunvalar) la montaña sagrada: KAILASH.
- Peregrinaje desde Nepal.
- Cruzar la Cordillera del Himalaya caminando.
- Disfrutar de las espectaculares vistas del Lago Manasrovar a 4.550 metros de altitud desde el campamento y del cielo del Tíbet.
En el año 1994, Sanga participa en el primer viaje español de reconocimiento al Monte Kailash y desde entonces este programa se ha convertido en todo un clásico para nosotros!!
Para los amantes del trekking y de la cultura tibetana, éste es uno de los viajes más bellos en tierras del Himalaya. Subiendo suavemente a lo largo del valle de Karnali, seguimos la ruta tradicional de los peregrinos hacia el Tíbet. Tras una semana de trekking, se llega al nacimiento de los Cuatro Ríos junto al lago sagrado de Manasrovar. Después de circunvalar la montaña sagrada más venerada del mundo, regresamos por las planicies del Tibet hasta Katmandú. Días de peregrinaje en el corazón de un mundo mineral a la sombra del gigante del monte Kailash (6.714m), que surge como un pilar entre el cielo y la tierra.
“Hay montañas que son simplemente montañas y hay otras con personalidad, con poder de influencia sobre los demás y este poder es producto de la consistencia, armonía y dirección del carácter. Cuando estas cualidades se presentan en una montaña, la reconocemos como un recipiente de poder cósmico y la llamamos montaña sagrada. El poder de una montaña así es tan grande y a la vez tan sutil que, sin coacción, gentes de todas partes son atraídas a ella, como por la fuerza de un imán invisible, y sufrirán indecibles fatigas y privaciones en su impluso inexplicable de aproximarse y reverenciar el centro de este poder sagrado. Nadie ha conferido a tal montaña el título de sagrada y, sin embargo, todo el mundo así lo reconoce; nadie reclama sobre ello porque nadie tiene dudas al respecto: nadie ha de organizar su culto, pues la gente se trastorna ante la mera presencia de esta montaña y no puede expresar sentimientos más que reverenciándola. Este culto no se inculca con hechos científicos, como cifras de altitud, que son primordiales en la mente del hombre moderno. Ni está motivada por la necesidad de “conquistar” la montaña. En lugar de conquistarla, el hombre de pensamiento religioso prefiere ser conquistado por la montaña. Abre su alma al espíritu de aquélla y la deja tomar posesión de él, porque sólo aquel que está inspirado o “poseído” por el espíritu divino puede participar de su naturaleza. Así resulta que, por encima de todas las montañas sagradas del mundo, la fama del Kailas se ha extendido inspirando a los seres humanos desde tiempos inmemoriales. No hay otra montaña comparable al Kailas, porque forma el eje de las dos civilizaciones más antiguas e importantes del mundo, cuya tradición se ha mantenido intacta durante milenios: India y China. Para los Hindúes y Budistas por igual, el Kailas es el centro del universo. Es llamado Mero o Sumeru, según la más anciana tradición sánscrita, y se le considera no sólo el centro físico, sino el centro metafísico del mundo”.
Extracto del libro: “El camino de las nubles blancas” de Anagarika Govinda.
Para los amantes del trekking y de la cultura tibetana, éste es uno de los viajes más bellos en tierras del Himalaya. Subiendo suavemente a lo largo del valle de Karnali, seguimos la ruta tradicional de los peregrinos hacia el Tíbet. Tras una semana de trekking, se llega al nacimiento de los Cuatro Ríos junto al lago sagrado de Manasrovar. Después de circunvalar la montaña sagrada más venerada del mundo, regresamos por las planicies del Tibet hasta Katmandú. Días de peregrinaje en el corazón de un mundo mineral a la sombra del gigante del monte Kailash (6.714m), que surge como un pilar entre el cielo y la tierra.
“Hay montañas que son simplemente montañas y hay otras con personalidad, con poder de influencia sobre los demás y este poder es producto de la consistencia, armonía y dirección del carácter. Cuando estas cualidades se presentan en una montaña, la reconocemos como un recipiente de poder cósmico y la llamamos montaña sagrada. El poder de una montaña así es tan grande y a la vez tan sutil que, sin coacción, gentes de todas partes son atraídas a ella, como por la fuerza de un imán invisible, y sufrirán indecibles fatigas y privaciones en su impluso inexplicable de aproximarse y reverenciar el centro de este poder sagrado. Nadie ha conferido a tal montaña el título de sagrada y, sin embargo, todo el mundo así lo reconoce; nadie reclama sobre ello porque nadie tiene dudas al respecto: nadie ha de organizar su culto, pues la gente se trastorna ante la mera presencia de esta montaña y no puede expresar sentimientos más que reverenciándola. Este culto no se inculca con hechos científicos, como cifras de altitud, que son primordiales en la mente del hombre moderno. Ni está motivada por la necesidad de “conquistar” la montaña. En lugar de conquistarla, el hombre de pensamiento religioso prefiere ser conquistado por la montaña. Abre su alma al espíritu de aquélla y la deja tomar posesión de él, porque sólo aquel que está inspirado o “poseído” por el espíritu divino puede participar de su naturaleza. Así resulta que, por encima de todas las montañas sagradas del mundo, la fama del Kailas se ha extendido inspirando a los seres humanos desde tiempos inmemoriales. No hay otra montaña comparable al Kailas, porque forma el eje de las dos civilizaciones más antiguas e importantes del mundo, cuya tradición se ha mantenido intacta durante milenios: India y China. Para los Hindúes y Budistas por igual, el Kailas es el centro del universo. Es llamado Mero o Sumeru, según la más anciana tradición sánscrita, y se le considera no sólo el centro físico, sino el centro metafísico del mundo”.
Extracto del libro: “El camino de las nubles blancas” de Anagarika Govinda.

















































