Testimonios - India

WW LADAKH – Julio 2010
ML. P. : El viaje me ha gustado mucho , me he sentido muy bien atendida, creo que el precio pagado corresponde con lo que he recibido.
Primero quiero darte las gracias por la tarta de cumpleaños. me quedé muy sorprendida cuando al final de la cena (por cierto estaba todo buenísimo ) llegó la tarta. No se lo había dicho nadie , ni a mi compañera de tienda, me emocioné. Gracias. Fue un día de emociones fuertes , pues estuvimos en Patan y las cremaciones me impactaron. Gracias de todo corazón. Un abrazo

STOK KANGRI 2011
H.: Hola Cristina:
Solo escribo para deciros que me lo he pasado genial en el viaje. Aunque con muchísimo sufrimiento, conseguí hacer cumbre en el Stok así que estoy muy contento. He colgado fotos del viaje en facebook. Si quieres verlas solo tenéis que visitar mi perfil. Muchas gracias por todo. Seguiremos en contacto.
Un abrazo

ZANSKAR 2011
C.N: Queridos Cristina, Paco, Erik:
El viaje ha sido maravilloso, perfectamente diseñado.
El itinerario, el buen tiempo, las rosas silvestres llenando de un sutil aroma los inmensos espacios, la luna llena ayudando a no gastar las pilas del frontal, el guía local, su equipo (el cocinero, los jóvenes ayudantes) y hasta los caballos o mulas han funcionado con precisión “suiza”.
Hemos conocido y por unos días vivido el Tíbet de los libros del siglo pasado: Alejandra David-Néel, Lama Anagarika Govinda, Heinrich Harrer, etc. Un verdadero Camino de las Nubes Blancas, pero sin chinos; una bendición.
La parte cultural resultó muy rica, especialmente para personas con interés por el budismo; conocimos lugares increíbles: cuevas, monasterios del siglo VIII realmente perdidos, lamas que ven más allá de lo que imaginamos, monjas bondadosas. Lugares con una especial energía.
La aventura con caminatas por el absoluto silencio y soledad sobre piedras que parecían trozos de un meteorito que se hubiera estrellado, salvando torrentes de aguas transparentes, cruce de ríos de agua de glaciares, encuentro con un campamento de tibetanas nómadas cuidando a los yaks pequeñitos que se deleitaron con la rodilla salada de José Ramón; preciosos lugares para los campamentos, siempre rodeados de montañas llenas de todos los minerales del mundo, unas de hierro rojo, amarillo y hasta negro, otras de cobres o verde cromo, también las había de manganeso que iba desde el marrón al lila claro y hasta nos encontramos con montañas verdes turquesa. Todo el paisaje eran cuadros abstractos, de los que hemos visto en los últimos años del siglo pasado colgados en las mejores galerías de arte. El agua siempre cerca, unas veces haciendo mucho ruido, otras bajando entre los prados y sembrados muy silenciosa. Los pájaros eran el concierto del amanecer y hasta hacían de mascotas, especialmente uno pequeñito de cuerpo naranja y alas negras que saltaba de piedra en piedra, de rama en rama, durante largo trecho del camino.
También fue fascinante ver el arco iris alrededor del sol y saber que llovía aunque el agua se evaporara antes de llegar a la tierra.
Cruzar el collado fue tarea de 9 horas, pero mereció la pena. Comimos unos metros antes de llegar a la cumbre, parecíamos un grupo playero, por el sol y el azul intenso del cielo.
He aprendido a cerrar bien el petate y a poner atención al cruzar los torrentes. Me caí en uno por las prisas, la mente se me fue… me olvidé de los tres puntos fijos y uno móvil, moví dos y al agua. La rodilla se puso del color del arco iris pero aprendí la lección; mejor dicho, José Ramón me puso tarea en los siguientes torrentes… no me volví a caer y pude disfrutar del rumor del agua bajo los pies sin importarme que las botas se mojaran.
La mayor aventura fueron los últimos días: 210 kilómetros en coche subiendo y bajando collados y después 320 por una carretera con miles de camiones. Las dos jornadas fueron de 9 horas (la combinación con el tren resultó una muy buena opción).
Tashi Gyaltsan, el guía Ladakh, estupendo profesional y mejor persona; siempre pendiente para que todo funcione, siempre ecuánime y discreto. Creo que se entendió muy bien con José Ramón.
Yubaraj Rai, el cocinero nepalí, se portó como un Ferran Adrià de los 4.500 metros de altura. Obraba cada día milagros: hasta tuvimos pay de banana, pan fresco, bollitos rellenos con mermelada de albaricoque de Leh, puré de mango y hasta gelatina decorada con el nudo infinito. A los raros del grupo nos cocinó platos totalmente vegetarianos o exentos de productos lácteos. ¡¡¡ Una delicia!!!
Los jóvenes ayudantes, los tres “caballeros”, personas puntuales, discretas, amables, con caras sonrientes hicieron de los campamentos una experiencia grata. Nos llamaban a la cena golpeando la tapa de una cazuela como si de un gong se tratara, la sonrisa surgía muy fácilmente.
Para mi ha sido una larga meditación activa y cada día de caminata he podido reconciliarme con mi infancia, con la familia, con los enemigos, con la cerámica, con la cocina. Me he limpiado por dentro y por fuera, aunque queda aún mucho por hacer.
O sea, me alegro muchísimo de haber ido, os doy las gracias por vuestro trabajo y por haberme dado ánimos para confiar en que podía hacer un viaje como este.
Este viaje podría promocionarse: ¿Quiere vivir en oasis de rosas silvestres? Le ofrecemos uno en julio… al Valle del Zanskar!!!
Hasta pronto
Besos a todos.